Mira que blancas son las tinieblas de mi rostro,
Como nubarrones de silencio de concreto me palidecen
Carcomiendo mis colores, carcomiendo mis sentires y razones.
Mira la oscuridad de los patrones de mis cabellos
Brillantes como el fuego, ardientes como la luz
Me advierten de tu lejanía,
Despertándome para doler, sabiéndome para
Querer morir por tu punzante silencio.
Mira la asimetría de mis cuerpos
Que como miembros se unen a mi pecho,
Blancas colinas de imperfectos rayos
De luz carcomida, de llantos acogidos, de ocultos dolores
Y desazonadas melodías.
Mírame cual sirena rota, cual estatua mortuoria,
Pues ya se de ti, imposible,
Que he de convertir mis patrones, cuerpos
Y desazones
En crudos flagelos de mi menoría,
Describiéndome en luz, de una oscuridad oculta
De una frialdad crónica y Fatua melancolía
Cruda
De un renacer…
Mientras me anochezco.
