Aquella era la noche en que dejó de ser aquel humano dependiente de las emociones y si bien éstas aún arraigaban algo en su alma, su espíritu ahora tendría voluntad propia.
Decidido a experimentar cada una de las nuevas sensaciones se aventuró dentro de un local nocturno. La seducción de mujeres hermosas, el olor de alcohol y drogas aromáticas copaban sus nuevos sentidos: Los voluptuosos cuerpos de las mujeres semidesnudas ya no causaban excitación en él, mas bien una extraordinaria sed dentro de su boca que se convertía poco a poco en el deseo de la sangre de las muchachas. El sonido de la música extravagante era captado sigilosamente.
Se sentó en una mesa solitaria, cerca de la profunda oscuridad, y con una mirada desafiante le pidió a la mujer que le atendía que se sentara junto a él. Una extraña fascinación cayó sobre ella y desató un cúmulo de deseos carnales por aquel extraño, y aunque su trabajo era exactamente lo mismo, “algo” la impulsó a arrojarse sobre él y entregarse por completo.
Él simplemente acarició con la lengua su cuello y ésta cayó en el clímax de un orgasmo, penetró suavemente los colmillos su piel y ésta se desplomó delicadamente, entregó su vida al extraño de la mesa oscura.
Mariela.
[disculpad la mala redacción... solo quería algo en bruto]
El extraño en la mesa.
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