Capítulo 3 Recordando

Aquél día no fui al hospital a trabajar, me reporté enferma. Mi cabeza en ese momento era un caos, Alexander nuevamente vivo y el cuerpo de Cristóbal en el piso de la habitación.

Luego del asesinato, me metí en la tina con agua caliente, para entonces ya eran las diez de la mañana y aunque Alexander me prometió que todo saldría bien, la preocupación no era algo que pudiese alejar tan fácilmente de mi mente. Me sumergí con las burbujas hasta el cuello, mi cabello entre mojado cubría parte de mis hombros, el sol entraba cálidamente por la ventana entreabierta cuando cerrando los ojos, volvía a repasar aquellos recuerdos:

Eran buenos tiempos para las personas, o al menos eso pensaba porque tenía a mi lado a Alexander. Era mi mejor amigo, mi confidente, podría nombrar un millón de sinónimos que le describían, pero había una con la cual deseaba asociarle a mí y jamás lo habría hecho: “amante”.


Me negaba al hecho de que él pudiese algún día enamorarse de mí, por lo que bloqueé intencionalmente todo sentimiento de esa clase hacia él. En ese entonces yo aún estudiaba en la universidad, aún me sentía ingenua, aún tenía los sentidos a flor de piel, esperando a ser activados. Él, era el dueño de una empresa publicista, serio, con un humor irónico y seco, frio y decidido.

Nos conocimos por medio de un amigo, nos presentó un día en su cumpleaños, ya que ambos no encajábamos con nadie más en la fiesta. “Cómo te llamas”, “a qué te dedicas”, “qué te gusta hacer”, al principio no congeniamos mucho, él era algo maduro y yo, simplemente era yo, pero con el paso de las horas nos dimos cuenta que ambos teníamos percepciones bastante extrañas de la vida. Mi amigo se sorprendió al vernos riendo y conversando afablemente al terminar la fiesta, cuando ya todos se habían ido.

-¿te llevo a casa?-ofreció al ver a nuestro amigo atareado con los borrachos rezagados, miré a mi amigo para ver si dicha proposición era correcta, a lo que respondió con una mirada de “no te preocupes, no muerde”.
-claro- respondí tomando mis cosas.
Cuando llegamos, un silencio incomodo nos envolvió pues ambos sabíamos que deseábamos mantener el contacto pero ninguno se atrevía a ofrecer su número telefónico u correo electrónico. Él se bajó y me abrió caballerosamente la puerta.
-bueno…- dije una vez a su lado- nos volveremos a ver otra vez cuando Aghar- nuestro amigo- haga otra reunión
-para su próximo cumpleaños entonces-dijo algo serio
Mientras abría la puerta de mi casa y el abría la de su auto, pensaba “¿qué tan comprometedor puede llegar a ser ofrecer tu e-mail?” en ese instante, mientras giraba para dárselo, él estaba apoyado en la reja, sacando una tarjetita de su billetera.
-toma- dijo- éste es mi número de la oficina, llámame si alguna vez necesitas algo

En ese momento sentí que la conversación de la noche había sido un mero trámite y que solo me consideraba como una posible clienta más.

Los días pasaron, trataba de no pensar mucho en lo ocurrido aquella noche, ni en lo mucho que me agrador conversar con Alexander.

-Mariela, ¡Mariela! ¿Me estás escuchando?- dijo Aghar mientras me explicaba un ejercicio en la universidad-hace un buen rato que estás distraída
-lo siento, creo que no dormí bien anoche-excusándome
-bueno, distraigámonos un rato para seguir luego- dijo soltando el lápiz y la calculadora- ¡ah!, se me había olvidado contarte! El otro día Alexán- como le apodaba- me pidió tu número telefónico y yo se lo di, ¿te molesta que haya hecho eso?- dijo estirándose en la silla
-no… supongo q no- dije con absoluta indiferencia, pero por dentro estaba muerta de emoción por llegar a mi casa y prender el celular que había dejado olvidado.

Obviamente no debía demostrar un ápice de interés ante Aghar, pues es muy sabido que los hombres son peores que las mujeres cuando de habladurías se trata.
De allí en adelante comenzamos a comunicarnos bastante por teléfono. Comencé a recibir llamadas frecuentes cada vez más largas hasta que concordamos en un café, luego en otro y así sucesivamente. Entre esas conversaciones me enteré de que le gustaba cultivarse con la buena lectura y amaba los aviones, aunque irónicamente odiaba volar en ellos.

El tiempo había pasado sorprendentemente rápido conociéndonos y de vez en cuando nos encontrábamos noches enteras conversando con un trago en su departamento, donde lógicamente luego dormiríamos en recamaras separadas.

Aghar un día me contó que solía salir con chicas bastante bellas, para entonces nos contábamos casi todo con Alexander, obviamente él no me contaba cómo eran o qué hacía con las chicas con las que salía. Ese mismo día, decidí visitarlo después de clases. Cuando me saludó le vi feliz, me dijo que debía contarme algo, que hace tiempo quería decírmelo, que lo había pensado demasiado. Me llevó hasta su despacho, nos sentamos en el sofá. En ese momento por mi mente pasaban mil ideas, tenía la extraña sensación de que me involucraba, con todas mis fuerzas trataba de no pensar en que se pudiese relacionarse en algo como el amor y a la vez conmigo: estaba equivocada, pero también estaba en lo cierto


Se iba a casar.

Sentí que el mundo se desmoronaba ante mí, sentí que no podía respirar, no podía reaccionar, dentro de mí había alguien gritando desesperadamente y que rasgaba mi pecho. “Es ella” dijo presentándomela, era bellísima, si que lo era, pero no podía si no sonreírle y felicitarles.

Aquél día llegue temprano a casa, me encerré y solo recuerdo que el dolor era muy grande y que las lágrimas anestesiaban parte de ese dolor. Lloré hasta la madrugada, mientras la luna acompañaba mi desconsuelo.

Faltaban pocas semanas para el evento, me pidió que le ayudase con algunas cosas, pero excusándome tontamente en mis deberes de estudiante eludía dichas responsabilidades.

-¿porqué no me quieres ayudar?
-no es que no te quiera ayudar- dije mientras almorzábamos un día en mi casa.
-te he notado extraña, ya no me cuentas todo lo que te ocurre
-no he tenido necesidad- ásperamente- ¿quieres postre?
-no, gracias- sonrió- debo ir a ver a Leticia- (su novia)

Me ayudo a retirar la mesa y a lavar los platos, el silencio era incomodo, pero ya había llorado demasiado como para que me afectase. Estaba enamorada y sin consuelo solo trataba de sobrevivir.

-¿segura que no quieres decirme nada?- dijo parado en la puerta, antes de despedirse- tengo la pequeña sensación de que tu falta de comunicación estos días se debe a mi matrimonio…
-lo es- dije dolida
- ¿no te agrada Leticia para mí?, no quise presentártela antes porque tenía miedo de herirte.
-¿siempre lo has sabido verdad?, ¡siempre lo has sabido!- grité ya sin poder contenerme- lo has sabido siempre y…
-lo siento…- dijo abrazándome, tratando de consolar mis lágrimas- siempre lo supe, te conocía demasiado bien, era obvio, pero es obvio que he sido un egoísta porque te he retenido como amiga a mi lado sin poder hacer nada para alejarnos…
- vete, cásate con ella y ámala, pero no me pidas que nos volvamos a ver- dije alejándolo de mí.
- ¡no entiendes!- dijo mientras trataba de retenerme
-vete… -dije cerrando la puerta.

Aquel día me mude a la ciudad de mis padres, mi carrera la terminaría en una universidad cercana, pero me aseguré de no volver a verle… si no hasta el día de su funeral.

Continuará.

lunes, 26 de julio de 2010

3 Comments:

Narwyn said...

Buenisima historia!! hace tiempo q no la actualizabas...Me alegra que la hayas retomado! :)

+†. Freya .†+ said...

primera en leer!! o.o creo xD... me encanto espero que pronto sigas escribiendo =D

cuidate mariela

vivian said...

si porv fa escribe el otro capitulo

 
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